Fue una noche de verano de finales de los sesenta. El Bar La
Gloria estaba lleno de gente. De pronto, se oyeron unos gritos en el callejón.
Todos salimos rápidamente creyendo que había un fuego. Unos tiramos para el callejón mientras otros se fueron en sentido contrario para escaquearse. A la mitad del callejón nos encontramos con mucha gente. Todos estaban agolpados a la puerta de una casa. No se podía entrar pues estaba llena. Una mujer mayor seguía gritando en la puerta: - ¡Mi televisión se ve de colores! ¡se ve de colores! Pensé que le habían puesto al televisor un plástico de esos que vendían y que se veía la parte superior azul, el centro marrón y la parte inferior verde. Pasado un rato, pudimos entrar y, verdaderamente, el televisor se veía en color. Allí estaba el Ballet de Antonio bailando en las Cuevas de Nerja. Y con unos colores impresionantes. Fue el acontecimiento de la noche y de varios días más. Por aquellos años una empresa había firmado un contrato con los ayuntamientos de la zona por el cual se comprometían a que todos los televisores de la zona tendrían que comprarse a la empresa hasta alcanzar un numero determinado. A cambio, la empresa pondría y mantendría un poste repetidor. Algunos fiñaneros dijeron que no comprarían ningún televisor hasta que no se los pudiera vender Gabriel Ocaña. Tenían más confianza en él. Otros fiñaneros, que estaban en Alemania, mandaban a sus familiares unos televisores que, además de ser más baratos, como en este caso, eran en color. Nadie lo sabía pero, por lo que se ve, la mujer tocó uno de los botones y se llevó una sorpresa al ver que se veía en "colores".* Bueno, el caso es que, mira por donde, en Fiñana fue donde vi por primera vez un televisor en color. * Por aquellos años, TVE hacía pruebas de emisión en color y, durante unas horas Recuerdo de un fiñanero.
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