La subasta de Las Ánimas
          El 28 de diciembre, día de Los Inocentes, en la puerta de la Iglesia se celebraba una subasta para vender todos los productos que habían dado a la Hermandad de las Ánimas.
          A la salida de misa nos encontrábamos con todos los productos expuestos sobre la acera y empezaba la subasta que se iría animando poco a poco.
          A las pandillas de jóvenes nos gustaba ir a esta subasta para ver si nos podíamos hacer de un pollo o un conejo que luego nos comeríamos frito con ajos en el bar de La Bibia o en La Cueva.
          Pero la cosa estaba difícil pues, dado el fin al que estaba destinado el dinero recaudado, la gente pujaba muy alto y no había forma de coger una ganga.
          Y no digamos lo imposible que era hacerse con "los pollos de Sebastián Matilla". Este señor donaba todos los años  dos pollos. Cuando llegaba el turno de subasta de los pollos, él también se ponía a pujar. La gente iba subiendo la puja para mosquearlo pero, nada, al final terminaba con los pollos bajo el brazo después de haber pagado un precio enorme por ellos.
          Cosas de nuestro pueblo...
 
Un grupo de músicos había ido cantando desde
  unas semanas antes por todas las puertas del pueblo 
y de los cortijos para que los fiñaneros dieran un 
donativo para el mantenimiento de la Hermandad. 
      Aunque algunos donativos eran en metálico, la
mayoría solían ser en especie: Un pollo, una gallina, un conejo, una manta de tocino, un espinazo salado, una ristra de ajos... Cualquier cosa era aceptada de buen grado. Y, si no se quería dar nada, ya lo decía su canción...

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CANCIÓN DE LAS ÁNIMAS
( Fragmento )

A las ánimas benditas
no se les cierra la puerta.
Se les dice que perdonen

y se marchan tan contentas.